SÍNTESIS BIOGRÁFICA
DEL COMPOSITOR GALLEGO
1

ANDRÉS GAOS BEREA

*La Coruña 21-III-1874 † Mar del Plata2 15-III-1959; edad:85 años menos 6 días
COMPOSITOR – VIOLINISTA – PIANISTA – DIRECTOR DE ORQUESTA – PROFESOR
I Andrés Gaos niño V Nueva beca para estudiar en París y Bruselas
II Beca de 3 años en Madrid VI Giras previas a su residencia en Argentina
III Anécdota Sarasate-Gaos VII Llegada a Buenos Aires
IV Anécdota “monedas falsas” VIII Aspectos generales de su música
    IX “Neurastenia” y primer viaje matrimonio a Europa

Andrés Gaos niño

Andrés GaosEn el siglo XVIII comienza en España una tradición de sucesivas generaciones de músicos de origen gallego con apellido Berea, que finaliza y adquiere su máximo exponente en la figura de Andrés Gaos. Su madre, Pilar Berea Rodríguez nacida en La Coruña en 1853, le proporciona a Gaos su segundo apellido que rara vez llegó a formar parte de su nombre artístico.
Su rama paterna en cambio no registra, hasta donde sabemos, antecedentes musicales. Su padre Andrés Gaos Espiro, natural de Santiago de Compostela, era un hombre culto y sensible, dotado de una sorprendente intuición para encaminar la educación de sus hijos, según podrá comprobarse en la maravillosa anécdota que más adelante referiremos.
La administración de un establecimiento musical instalado en Vigo, fue la fuente de ingresos que contribuyó al sostén y bienestar de su familia, y que seguramente despertó en el niño Gaos su interés por el mundo de los sonidos. Este establecimiento funcionaba como sucursal del importante Almacén de Música Canuto Berea y Cía. fundado en 1854 en La Coruña y que permaneció abierto sin interrupción durante 133 años hasta su cierre en 1987, con apenas un pequeño cambio en su nombre: “Sucesores de Canuto Berea”.
El fundador de esta trascendente dinastía de casas musicales en Galicia, fue nada menos que un hermano mayor de la madre de nuestro biografiado, el compositor y muy importante editor de música Canuto Berea Rodríguez (1836-1891), quien además de apadrinar a Gaos en su bautismo llegó a ser Alcalde de La Coruña en 1889.
Gaos fue el primogénito de una numerosa familia de 9 hijos del matrimonio Gaos-Berea. En 1880, cuando nuestro futuro precoz violinista tiene 6 años, su padre se establece en Vigo como representante del Almacén de Música de Canuto Berea, casa dedicada a la venta de instrumentos musicales, pianos en su mayoría, y también de partituras.
El hallazgo de un increíble artículo a 3 columnas titulado Biografía del niño Andrés Gaos Berea firmado por el literato viguense Manuel Martínez González, y aparecido en primera página del periódico gallego Faro de Vigo en 1885, cuando Gaos tenía apenas 11 años, nos ilustra acerca del comienzo de sus estudios. He aquí un extracto literal del extenso y sorprendente texto:

“Su figura es esbelta y simpática. En su moreno rostro, en constante contracción, se ve reflejado su temperamento nervioso, y en su mirada se adivina al artista. Sus ojos grandes, negros y expresivos, delatan el fuego y la inspiración que en aquella cabeza se encierra.

En 1880 se trasladó con sus padres a la ciudad de Vigo y en 1881 empezó el estudio del solfeo, dedicándose más tarde al del violín bajo la dirección de algunos profesores de música de esta última ciudad, quienes fueron dejando a su discípulo a medida que su aplicación hacía innecesarios ya los cuidados de esta clase de enseñanza, que pudiéramos llamar preparatoria.
Al poco tiempo, habiendo llegado a Vigo una compañía de ópera dirigida por el eminente tenor Sr. Tamberlick, y con ella la orquesta del teatro de Málaga de la que formaba parte el notable violín concertino Sr. Regino, este señor tuvo a bien, durante su permanencia en aquella población encargarse de la enseñanza musical superior del niño Gaos, a quien valieron de mucho estas lecciones para sus futuros adelantos.
Posteriormente se encargó de su enseñanza el reputado violinista D. Eduardo Dorado, y bien puede decirse que aquí empieza la verdadera etapa de progreso y triunfos artísticos para el pequeño Paganini, de quien, después de oírle tocar, dijo el distinguido violín concertino del teatro Real D. Pedro Urrutia: ‘Es un talento musical de primer orden: imposible pedir más, y llegar a tanto constituye un privilegio’.
En el Certamen Musical realizado en Vigo en agosto 1883, el tema designado para optar por el premio de violín era el siguiente: ‘L’air Ballet Op. 100 de Beriot para violín con acompañamiento de piano’. Entre los que se presentan a disputarlo y el más joven de todos ellos es el niño Gaos, quien dicho sea de paso, entre otras consideraciones de carácter, tiene la de multiplicar sus ardimientos con las dificultades que se le presenten. En dicho certamen, dijo la obra tan admirablemente que aun antes que el jurado emitiese su fallo favorable, ya el público se anticipó a dictar el suyo distinguiendo al joven artista con bravos y ruidosos aplausos. Además el jurado queriendo hacer resaltar la notable ejecución, creó para él otro premio extraordinario, consistente en una medalla de oro. Enviamos nuestro parabién a este querido niño, llamado a grandes destinos en la esfera del arte musical.
Hallase en la actualidad el niño Gaos en La Coruña estudiando desde septiembre de 1884 al lado de su antiguo profesor señor Dorado en el ‘Centro de Enseñanza Musical’, el más importante de Galicia.
Tal es, a grandes rasgos la reseña biográfica del notabilísimo niño Andresito Gaos, cuyos primeros pasos en la senda del porvenir, pregonan con justicia los heraldos de la opinión”.

1 Los gallegos son nacidos en Galicia, una región perteneciente a España, situada al noroeste de la Península Ibérica, en Europa. Se la denomina “Comunidad autónoma de Galicia” y su capital es Santiago de Compostela.

2 Mar del Plata: ciudad balnearia situada en la costa sudeste de la Provincia de Buenos Aires en Argentina.

Beca de 3 años en Madrid

En visionario gesto, la Diputación Provincial coruñesa concede al niño Gaos de 11 años, una beca para proseguir su aprendizaje en el Conservatorio de Madrid. Allí, alejado de sus padres, estudia durante 3 años (1885-1888) con el recordado violinista JESÚS MONASTERIO (1836-1903), quien lo distingue como su discípulo predilecto. En aquellos años, los cursos de violín no exigían el estudio de piano complementario, no obstante el inquieto Andresito también se inscribe en los cursos de dicho instrumento y, por añadidura, en los de armonía y contrapunto.
Posteriormente y en pleno dominio del piano, Gaos asombró a más de un oyente en espontáneas improvisaciones, mostrando así una natural predisposición para este recurso del arte musical (ver video “arroz con leche”). También como resultado de su intenso entrenamiento, llegó a tener un increíble dominio en el difícil arte de reducir al piano partituras de orquesta a primera vista, que dejaron sorprendidos en Buenos Aires a profesionales y críticos vinculados a la música.
En recitales ofrecidos en salas de Buenos Aires para presentar a sus alumnos más aventajados, Gaos siempre los secundó en el piano, tanto en sonatas como en cualquier otro tipo de acompañamiento. Además, en sus giras de concierto por Europa y también en Buenos Aires, frecuentemente acompañó en el piano a su primer esposa, la violinista América Montenegro.
En junio 1904, en el concierto inaugural del primer “Conservatorio Gaos” en Buenos Aires, estrena el primer movimiento de su Sonata para 2 pianos secundado por el compositor y pianista argentino CONSTANTINO GAITO (1878-1945), partitura que lamentablemente permanece extraviada.
En 1932, en una demostración del instrumento musical electrónico de teclado “Ondas Martenot”, que era ejecutado por su inventor el ingeniero y músico francés MAURICE MARTENOT, Gaos lo acompañó al piano en una gira que abarcó diversas ciudades de España, incluyendo Madrid y Barcelona.

Anécdota Sarasate-Gaos

Andrés GaosLa personalidad de Gaos como intérprete responde al modelo del recordado compositor y violinista PABLO SARASATE (1844-1908), quien aunque nacido en Pamplona, estaba íntimamente ligado a Galicia por haber residido unos 5 años de su infancia en La Coruña (aproximadamente entre los 5 y 10 años de edad).
Allí en Coruña y a la edad de casi 8 años Sarasate asombró a sus oyentes en un recital con orquesta dirigida por el abuelo materno de Andresito Gaos, SEBASTIÁN CANUTO BEREA (1813-1853), El impacto de esta presentación contribuyó a que Sarasate obtuviera importantes ayudas económicas para terminar sus estudios. Posteriormente y debido a su enorme talento y deslumbrante fama fue considerado como el insustituible prototipo a seguir por los violinistas que le sucedieron.
En septiembre 1886, un exitoso Sarasate de 42 años inicia su primer gira por las provincias gallegas que comenzaría en Coruña, ciudad donde estrena su poco conocida Muñeira para violín, que luego repetiría en toda la tournée, para terminar finalmente con 2 conciertos en Vigo, donde residía la familia del pequeño Andresito Gaos de 12 años. Allí en Vigo, su padre Don Andrés Gaos Espiro, administraba (como mencionamos al comienzo) un prestigioso establecimiento musical, hecho que añadido al cargo que desempeñaba como presidente honorario de la “Sociedad Coral La Oliva” le otorgaba un singular reconocimiento entre sus conciudadanos.
Andresito asistió con sus padres al primer concierto ofrecido por Sarasate en Vigo y, como es de suponer, quedó profundamente impresionado. Al término del recital y mientras se sucedían las tradicionales felicitaciones, fue presentado a Sarasate, circunstancia que aprovechó Don Andrés para solicitar al consagrado intérprete, un posible encuentro para escuchar al pequeño. Quedó entonces convenido que Sarasate y su secretario y pianista acompañante OTTO GOLDSCHMIDT se apersonaran al "Salón de conciertos” de la citada casa de música para apreciar al niño violinista.
A la mañana siguiente, mientras ambos se dirigían al “Almacén de música” (como así se lo llamaba entonces), Sarasate comentaba con su secretario:

Sarasate. —Y bien Otto, una vez más tendremos que soportar a un niño prodigio, pero como contaba mi maestro DELFÍN ALARD, y lo hemos comprobado en ocasiones, estos chicos poseen algunos defectos tan notorios que lo más conveniente es hacerles olvidar lo que saben y encaminar nuevamente sus estudios desde cero.
Otto. —(Asintiendo con la cabeza.) Muy cierto Pablo, recuerdo muy bien nuestras experiencias con niños prodigio.

Una vez todos instalados en el Salón de conciertos y con la colaboración de un pianista acompañante, Andresito comenzó a ejecutar algunas piezas de la época, entre ellas el célebre minué de Bocherini y “Adiós a la Alhambra” de su maestro Jesús Monasterio, mientras Sarasate escuchaba impávido sin hacer ningún comentario. Una vez terminado el improvisado concierto del pequeño y ante la mirada inquisidora de Don Andrés, Sarasate esbozó despreocupado:


Sarasate. —(Sin entusiasmo.) Bueno... no está mal... y que planes tiene Ud. para su hijo.
Don Andrés. —(Un poco desilusionado.) Aprovechando una beca de la Diputación Coruñesa, Andresito acaba de cursar su 6° año de violín en el Conservatorio Nacional de Música en Madrid. Su profesor Jesús Monasterio se ha encariñado con él, pues muestra buenas aptitudes y una permanente dedicación al estudio, lo cierto es que el pequeño ha vuelto muy entusiasmado y anhela regresar cuanto antes a Madrid para continuar con Monasterio los 2 años de estudio que le faltan.
Sarasate. —(Siempre imperturbable.) Me parece excelente, Monasterio es un notable violinista y muy buen profesor, pero se me ocurre alguna variante Sr. Gaos, le haré una sugerencia que tal vez le parezca interesante para el porvenir del niño.
Don Andrés. —(Ya completamente resignado.) Ud. dirá maestro.
Sarasate. —(Con una firmeza y decisión que contrastaba con su anterior indiferencia.) Este fin de semana daré mi último concierto en Vigo y luego regreso a mi residencia de París, me encantaría llevarme al pequeño conmigo por algunas semanas, juntos actuaríamos a 2 violines en mis conciertos y además de orientarlo en sus estudios, lo presentaré a importantes personalidades del ambiente musical parisiense, quienes se asombrarán de escuchar a un auténtico niño prodigio.
Don Andrés. —(Visiblemente sorprendido y meditando su respuesta durante algunos segundos)... Le agradezco enormemente su proposición... lo consultaré con mi esposa... y le daremos una respuesta cuando nos veamos durante su último recital aquí en Vigo.

De regreso al hogar los padres de Andresito evaluaron los pro y contra del insólito ofrecimiento y decidieron rechazarlo de común acuerdo, ya que ninguno de ellos podía desligarse de sus obligaciones para acompañarlo a París, y dejarlo partir con sólo 12 años era una aventura demasiado riesgosa. No obstante, y siempre en el ámbito de las suposiciones, de haberse accedido al deseo de Sarasate, seguramente hubiera cambiado la trayectoria de Gaos como artista y tal vez hoy día estaría lejos de ser un desconocido.
Así finaliza esta ignorada y sugestiva anécdota que nos ilustra como un niño violinista gallego de 12 años pudo sorprender a un coloso de la talla de Pablo Sarasate.
Este episodio fue comentado por Gaos en repetidas ocasiones y ante la ineludible pregunta de su ocasional interlocutor sobre que opinaba de la decisión de sus padres, siempre sostuvo: “tuvieron razón, yo era demasiado pequeño”.

Anécdota “monedas falsas”

Andrés GaosComo hemos visto, Don Andrés padre atendía regularmente en Vigo su importante casa de música y en ocasiones llevaba consigo alguno de sus hijos, para familiarizarlos en la atención del negocio, circunstancia que lo aliviaba en parte del trato con los clientes y le permitía dedicar más tiempo a las tareas administrativas. No era raro entonces, y transcurre el año 1887, encontrar al pequeño Andresito de 13 años o a su siguiente hermano menor José(Pepe)3 de 11 años, interpretar melodías en el piano con objeto de interesar en la compra del instrumento a algún posible cliente o verlos seleccionar también para su venta alguna partitura solicitada.
En cierta ocasión que Don Andrés tiene que ausentarse a La Coruña, ambos hermanitos quedan a cargo del negocio, y llega entonces sorpresivamente un marinero de los tantos buques que anclaban en el puerto de Vigo, interesado en adquirir algunas partituras. Andresito lo atiende muy amablemente pidiéndole el nombre de la pieza y la referencia de su autor.
El marinero responde que no conoce el título, pero que puede entonarla sin problema y ya mismo se pone a vociferar una extraña canción que los pequeños músicos jamás habían escuchado. Los jovencitos intercambian una furtiva y pícara mirada, y se dirigen entonces a un estante donde había un remanente de piezas musicales para piano, que habían perdido actualidad y que ya nadie solicitaba. Ellos estaban autorizados por su padre a no rendir cuenta de esas partituras, y si lograban el milagro de su venta, podían guardarse las monedas que las mismas redituaran.
No había todavía concluido el improvisado concierto del marino, cuando José deposita una abultada pila de piezas musicales sobre el mostrador, mientras que Andresito extrae una de ellas y le dice al marinero:

Andresito. —Es Ud. afortunado, la pieza que acaba de cantar es justamente esta... pero vamos a comprobarlo en el piano.

Y mientras José colocaba la pieza sobre el atril, el pequeño Gaos se sienta al piano e improvisa de oído la reciente melodía escuchada, y que por supuesto nada tenía que ver con lo impreso en la partitura que simulaba leer. El marinero estalla entonces de alegría al escuchar armonizada la canción de sus ensueños, que había buscado infructuosamente en cada puerto donde recalaba su buque; y eufórico prosigue cantando otras melodías, y los pequeños seleccionando otras tantas partituras de la inservible pila, las que eran ejecutadas en forma inmediata ante la sorpresa y aprobación del marino.
Una vez agotado su repertorio de exóticas canciones y habiendo conseguido todo lo que buscaba, el forastero marítimo paga por las partituras adquiridas, estampa un sonoro beso en cada uno de los vendedores y se aleja loco de contento.
Los pequeños liberan entonces su reprimida risa en estridentes carcajadas y luego se reparten las utilidades de su ocurrente diablura.
(Hasta aquí sólo una muy ingeniosa y simpática travesura de niños, pero el caprichoso destino se ensaña en proveerle un final impredecible y por demás electrizante).
No bien el marinero regresa a su alojamiento marítimo, comenta con un oficial amigo y pianista aficionado los pormenores de su exitosa búsqueda musical, y juntos se encaminan hasta el infaltable piano del barco para deleitarse con las flamantes partituras. (Debe recordarse que por aquellos tiempos el piano era el sustituto indispensable de las actuales radios, televisores y computadoras). No tardó demasiado tiempo el pianista en alertar a su subordinado que esos mocosos le habían jugado una mala pasada.
Al día siguiente el embaucado personaje vuelve al establecimiento para vérselas con esos pequeños tramposos, pero sólo encuentra a su propietario Don Andrés, a quien le relata entonces el engaño del que había sido víctima y recibe la siguiente respuesta:

Don Andrés. —No se preocupe Ud. señor, le pido mil disculpas en nombre de mis hijos, le devolveré el dinero, y ya me encargaré de que esto no vuelva a repetirse.

De vuelta a su casa Don Andrés se cuida muy bien de no comentar el incidente con sus hijos. Llegado el fin de semana les entrega como hacía de costumbre algunas monedas para esparcimiento y diversión.
Llega el domingo, Andresito y José salen de juerga; y más tarde se encaminan a una cantina como lo hacían habitualmente. Después de tomar algún refresco e ingerir algunos mariscos, se acercan a la barra y entregan las monedas recibidas de su padre como pago de la consumición. Cuál no sería el asombro de los imberbes cuando el propietario les espeta:

Propietario. —(Disgustado y levantando la voz.) Estas monedas son falsas chicos, cómo se atreven a engañarme... pequeños ladrones.
Andresito. —(Balbuceando tímidamente.) Creo que se equivoca señor... mi padre me las dio.
Propietario. —(Siempre con rudeza.) ¡No! no me equivoco, llévatelas y cuando vuelvas trae plata decente.

Perplejos e indignados, los pequeños regresan a su casa y deciden encarar directamente a su padre, responsable del desgraciado incidente:

Andresito. —(Un poco nervioso y ofuscado, aunque sin traspasar el umbral de respeto que aquellos tiempos exigían.) ¿Qué nos has hecho papá? Nos has dado monedas falsas, ni te cuento el papelón que pasamos.
Don Andrés. —(En forma parsimoniosa y esbozando una sonrisa de satisfacción por el desenlace) No está mal que lo hayan sufrido en carne propia, pero les recuerdo que es lo mismo que ustedes hicieron con el marinero: le entregaron partituras falsas.

(¡Fantástico! he aquí una magnífica lección práctica de honestidad, digna del más avanzado tratado de educación para niños).
Este episodio caló muy hondo en la mente del futuro gran compositor, pues a lo largo de su vida, Gaos lo relató en repetidas ocasiones como expresión de admiración y homenaje a la figura de su padre.

3 José Gaos Berea (1876-1939), dotado pianista aficionado nacido en Coruña, realizó estudios de abogacía y en 1896 se traslada a Gijón (España) junto a sus padres y hermanos, años más tarde establece un estudio jurídico en Valencia (España), donde adquiere un reconocido prestigio como notario. En Gijón nace su primer hijo de un total de 9, el renombrado filósofo José Gaos (1900-1969) y en Valencia nace otro de sus hijos, el poeta Vicente Gaos (1919-1980), tanto el filósofo como el poeta  figuran en cualquier diccionario enciclopédico corriente.

Nueva beca para estudiar en París y Bruselas

Andrés GaosEn 1889, la Diputación coruñesa decide prolongar por 2 años la subvención de Gaos, para que continúe sus estudios en el extranjero. El primer año de la beca transcurre en el Conservatorio de París, donde Gaos asiste a las clases de violín de CHARLES DANCLÁ. Al año siguiente en 1890 se desplaza al Conservatorio de Bruselas (Bélgica), donde cursa violín con el legendario EUGÈNE YSAYE y composición con AUGUSTE GEVAERT.
Así llegamos a la segunda mitad del año 1891 que nos exhibe a un joven violinista de 17 años que ha concluido brillantemente, con primeros premios, todos sus estudios musicales. De aquí en adelante sólo conciertos, enseñanza y creaciones musicales tanto de carácter universal como evocadoras de su tierra gallega.
Entre sus primeras composiciones podemos mencionar su romanza, con texto en francés, para canto y piano
"Premier printemps!" (Primavera temprana) que fue compuesta en Bruselas mientras Gaos cursaba composición con Gevaert. Así figura de su puño y letra en el manuscrito original conservado en su archivo.
De esos años es también su fascinante Muñeira 3 Opus 2 para violín y piano, donde el oyente desprevenido cree escuchar el sonido de una gaita en lugar del violín que la está imitando. Si bien subestimada por Gaos, quien nunca se preocupó por editarla, la muñeira permaneció siempre en su repertorio y fue de ejecución ineludible en sus giras por La Habana (Cuba) donde residía una numerosa colectividad gallega y también en diversas ciudades de Galicia.

3 Danza típica gallega acompañada por gaita.

Giras previas a su residencia en Argentina

En septiembre 1891 se dirige a París, donde inicia una gira de conciertos que además de Francia abarcaría Bélgica, Portugal y diversas ciudades de España. De todos modos el detalle de esta excursión violinística deberá ser investigado para determinar si la gira abarcó otros países no mencionados de Europa.
En mayo 1894 se publica por primera vez una composición de Gaos, la “Jota aragonesa” para violín y piano editada por “A. Díaz y Cía.” en San Sebastián (España), pieza que el joven compositor desestimó rápidamente, pues permaneció muy poco tiempo en su repertorio, y ni siquiera se preocupó por conservar un solo ejemplar en su archivo (afortunadamente hemos obtenido un ejemplar).
En ese mismo año 1894 está confirmado que permaneció algunos meses en La Habana.
También en 1894 estuvo varios meses en México, donde curiosamente hizo parte del elenco de un espectáculo circense en el “Circo Teatro Orrin”. Su número titulado: “El Sarasate del porvenir, Don Andrés Gaos Berea” compartía junto a mímicos, contorsionistas, equilibristas y pantomimas acuáticas, el desarrollo de un típico programa de circo. Paralelamente también actuó como solista en salas de concierto e integró como primer violín un cuarteto de cuerdas con ejecutantes del lugar que fue muy bien recibido por la crítica.
Siempre en México compone una Polonesa y una Romanza para piano que tampoco fueron encontradas en su archivo. La Polonesa fue editada por la casa “H. Nagel Sucesores” México, Calle de la Palma N° 5 (si bien no poseemos un original, hemos obtenido fotocopia). En cuanto a la Romanza, que obtuvo el primer premio de un concurso organizado por la misma Editorial Nagel donde fue publicada, aún no hemos podido ubicar un solo ejemplar.

Llegada a Buenos Aires

America MontenegroEn junio 1895 se produce el arribo de Gaos a Buenos Aires donde se relaciona con el recordado compositor y pianista argentino ALBERTO WILLIAMS (1862-1952), quien en 1893 había fundado el “Conservatorio de música de Buenos Aires”, sin duda el más importante y de mayor prestigio en la ciudad. Inmediatamente el joven virtuoso de 21 años se integra como profesor de violín en dicha casa de estudios y establece amistad con sus más distinguidos profesores, entre ellos, JULIÁN AGUIRRE (profesor de piano y secretario del conservatorio) y CARLOS MARCHAL (profesor de cello). Al mes siguiente Williams, Marchal y Gaos ofrecen un concierto interpretando el trío Opus 63 de Schumann con los consiguientes elogios de la crítica.
En septiembre 1895 debuta en Buenos Aires la notable violinista y en ocasiones cantante, AMÉRICA MONTENEGRO (1876-1949), quien aunque de origen italiano y nacida en Valencia (Venezuela) —donde su padre LEOPOLDO MONTENEGRO era representante consular argentino— perfeccionó sus estudios con RAMPAZZINI en el Conservatorio de Milán, donde a los 16 años en 1892 obtiene el primer premio de violín.
Se produce entonces un acercamiento entre Gaos y Montenegro y como consecuencia de la atracción y el impacto de este encuentro, ambos virtuosos se enamoran profundamente. América queda embarazada y para evitar el desprecio y habladurías propias de la época, ambos deciden trasladarse a Montevideo (Uruguay). Allí contraen matrimonio civil el 6-II-1896 y 6 meses más tarde nace la primera hija de un total de 5 (4 niñas y un varón), a quien bautizan con el nombre de su madre, América.
Andrés GaosEl accidente sexual descrito, interrumpe la ya encaminada trayectoria internacional de Gaos como virtuoso a la cual parecía estar predestinado, aunque como contraparte, seguramente incentiva su labor creadora para la que estaba excepcionalmente dotado. Nunca lo sabremos, pero de ser este enfoque correcto, el resultado final nos complace, pues si bien Gaos nunca llegó a ser un violinista de fama internacional, creemos que sus obras ocuparán algún día un lugar de privilegio entre los compositores del siglo XX.
En ese mismo año 1896 compone su Habanera Opus 19 para violín y piano, dedicada al padrino de su primera hija: José A. Ferreira, que es interpretada por América. De esos años es también su Suite para piano Miniaturas Opus 23 dedicada al pianista CAMILO GIUCCI, integrada por los números: Canone, Sarabanda, Fugheta y Fantasía, que años después sería transcripta por su autor para orquesta de cuerdas con el título de “Suite a la antigua”. Miniaturas fue editada en 1898 por “Ediciones Mousqués” de Montevideo. Gaos identifica arbitrariamente ambas composiciones con N° de Opus de 2 dígitos, a pesar de no existir obras con numeración anterior.
En la mencionada capital uruguaya, Gaos y América se incorporan como profesores de violín en el prestigioso conservatorio “La Lira”. En diciembre 1897 ambos cónyuges actúan simultáneamente en el Teatro Solís, en un concierto de despedida con la orquesta de la “Sociedad Beethoven” bajo la dirección de MANUEL PÉREZ BADÍA(1846-1901), destacado violinista español, y discípulo de Monasterio en Madrid al igual que Gaos. América ejecuta el célebre concierto Opus 64 de Mendelssohn y Gaos el siempre vigente concierto Opus 22 de Wieniawski.
En junio 1898, a los 2 años y medio de su forzado éxodo a Montevideo, el eufónico matrimonio Gaos-Montenegro incrementado en 2 pequeñas hijas, regresa definitivamente a Buenos Aires. El divorcio los separa en 1917, y desde esa fecha a pesar de convivir ambos en Buenos Aires, jamás volverían a encontrarse. En 1935 Gaos adquiere la carta de ciudadanía argentina.
En 1899 publica su primer y único texto de estudio para violín sólo: “100 Ejercicios Técnicos Progresivos” Edición F. Stefani-Buenos Aires, donde puede leerse en la portada de esta edición: “Obra de texto en el Conservatorio de música de Buenos Aires”.
Desde su llegada a las costas rioplatenses, Gaos despliega una intensa actividad musical a través de distintas facetas:

  • Enseñanza en Buenos Aires en conservatorios propios, escuelas del estado y prestigiosos conservatorios privados.
  • Conciertos de violín, principalmente en Buenos Aires y Montevideo.
  • Giras por Europa junto a su primer esposa y luego de su divorcio giras individuales.
  • Dirección de orquesta, actividad en la que se ejercita desde muy joven.
  • Empleado del gobierno argentino en calidad de “Inspector de enseñanza secundaria, normal y especial” (especialidad música), dependiente del Ministerio de Instrucción Pública.

Aspectos generales de su música

Andrés GaosCon respecto a su labor creadora que ocupa un interés prioritario en esta síntesis, y en la cual permaneció siempre inmerso con mayor o menor dedicación, destaquemos que estuvo signada por una permanente falta de reconocimiento de todos cuanto le rodearon:

  • Sus amigos y compositores colegas siempre observaron sus obras con indiferencia.
  • Sus alumnos admiraban al prestigioso profesor y ejecutante pero subestimaban al compositor.
  • En el entorno familiar de sus descendientes, el desinterés por sus creaciones era moneda corriente, con la lógica excepción de sus esposas América Montenegro y Luisa Guillochon, y también del último de sus 8 hijos Andrés Gaos Guillochon.

Gaos, aun siendo una personalidad no demasiado extrovertida y ciertamente reservado de su vida privada, rara vez disimulaba sus sentimientos y apreciaciones musicales, y se le oyó decir en diversas oportunidades y a distintos interlocutores que sus compositores preferidos eran: Chopin, Schumann y Grieg, mientras que su Sonata predilecta para violín y piano era la de Cesar Franck. En el campo de la lírica, siempre sostuvo que su ópera preferida era “Fausto” de Gounod. Quienes con él compartimos su carácter alegre y ocurrente, también recordamos que era reacio a comentar o vanagloriarse de sus éxitos pasados, y que jamás lo escuchamos lamentarse del desinterés e indiferencia con que eran recibidas sus composiciones.
Aclaremos para los especialistas e interesados que gran parte de la producción de Gaos no lleva N° de Opus, y cuando sí lo encontramos, su numeración es arbitraria y no indica necesariamente un orden cronológico correlativo, como así tampoco la existencia de obras con una numeración anterior, tal como lo manifestara Gaos en conversaciones familiares y como puede comprobarse a través de un minucioso análisis. No obstante en algunas ocasiones se puede observar que números de Opus cercanos o correlativos pueden coincidir con obras escritas en un mismo período.
Sin pretender explicar lo inexplicable, acotemos que las críticas que acompañaron sus recitales fueron siempre muy elogiosas, y este deslumbramiento ante el virtuoso pudo tal vez opacar su aceptación como compositor.
Aun sin participar en corrientes de vanguardia, Gaos es un auténtico compositor de su época y ante todo un melodista nato; aunque sus frases no son fácilmente asimilables en una primera audición, no porque se sitúen en la categoría de ininteligibles, sino por la profundidad de su factura.
Corren pues el riesgo estas melodías gaosianas de pasar desapercibidas si no vuelven a escucharse nuevamente. Una vez establecido el contacto suele producirse un “enganche” que acondiciona al oyente a volver sobre su música e interesarse por otras obras del mismo autor. La indiferencia de su entorno impidió a Gaos convertirse en un compositor prolífico, pero aun así sus creaciones son considerables y abarcan diversidad de géneros, con el raro privilegio de mantener un asombroso nivel de inspiración en todas sus producciones.
Lo realmente lamentable es que a lo largo de su vida jamás recibió un solo “encargo” musical, y de este modo se perdieron valiosas partituras provenientes de su innegable talento que sin duda hubieran incentivado su labor creadora y asimismo enriquecido nuestro patrimonio universal.
A diferencia de la pintura, literatura y otras artes, el resultado final de la creación musical permanece oculto e intangible esperando la participación del “intérprete” que habrá de darle vida. En las obras orquestales esta particularidad de la música adquiere mayor relevancia, pues a semejanza del pintor cuando mezcla su paleta de colores, el compositor combina el sonido de los distintos instrumentos para lograr los timbres que convienen a su expresión. Se comprende entonces que la ulterior comprobación por el autor, de una elección feliz o desacertada, sólo es posible con la insustituible intervención orquestal.
Gaos no tuvo la suerte de pertenecer al grupo de “elegidos” que consiguieron en vida ver interpretadas sus obras orquestales. A su muerte en 1959 gran parte de sus creaciones sinfónicas permanecían sin ver la luz, recordemos que la totalidad de su Sinfonía N° 2 “En las montañas de Galicia” se estrenó 15 años después de su muerte, y que Gaos sólo alcanzó a escuchar su último movimiento “Danza campestre” estrenado en 1954. El estreno mundial de su Sinfonía N° 1 tuvo lugar en mayo 2005 en las ciudades gallegas de Ourense y Vigo. De todos modos, todavía quedan sin estrenar varias de sus obras que requieren la participación de un organismo sinfónico, entre ellas su ópera en un acto y 7 escenas “Amor Vedado” (circa 1915), donde la 1ª escena Baile y la 6ª Tormenta son exclusivamente orquestales. Este aporte al teatro lírico del compositor coruñés, está estructurado en el folklore argentino sobre libreto y texto en castellano del mismo Gaos, quien sitúa la acción dramática en la provincia de Tucumán (Argentina) en 1816.
También es de destacar otras obras líricas de Gaos que pertenecen al “género chico” donde se alternan partes cantadas con diálogos y parlamentos, y que al igual que su única ópera también están impregnadas del folklore criollo. Este tipo de creaciones muy populares en Buenos Aire, durante la primera mitad del siglo XX, integraban el género denominado “Comedias Líricas”. Gaos musicalizó para este género los siguientes títulos: “Las últimas violetas”, Facundo y “Los rayos X”.

“Neurastenia” y primer viaje matrimonio a Europa

A su regreso de Montevideo en 1898 Gaos y América se incorporan al cuerpo de profesores del “Conservatorio de Buenos Aires” que dirigía Alberto Williams. Gaos se hace cargo de las clases de violín para varones y también de la clase de “conjunto de cámara”, mientras que América ocupa la cátedra de violín (clase de niñas).
A partir de su enlace con América y como consecuencia de su truncada trayectoria internacional como virtuoso, comienza a gestarse en Gaos un incipiente agotamiento nervioso que eclosiona durante su regreso definitivo a Buenos Aires. Síntomas de cansancio permanente, imposibilidad de concentrarse y oscilantes depresiones diagnostican una severa neurastenia. Se ve obligado entonces a suspender sus conciertos e interrumpir sus clases en el Conservatorio, donde es reemplazado por América. Para paliar esa temible enfermedad nerviosa que duró alrededor de 1 año y medio, proyectan ambos un próximo viaje a Europa y mientras tanto alquilan una quinta en la localidad de Morón, a pocos kilómetros de la capital, donde Gaos pasaba largos días de reposo que se alternaban con escapadas a Montevideo. Allí diversos artistas amigos lo recibían con afecto y comprensión, entre ellos el matrimonio de pianistas CAMILO GIUCCI(padre)-LUISA GALLO y el pintor uruguayo MILO BERETTA.
El inspirado compositor de temas y ritmos autóctonos argentinos Julián Aguirre (1868-1924) se desempeñaba como Secretario y profesor de piano en el Conservatorio Williams. Su proximidad con Gaos al acompañarlo en piano en diversas oportunidades —siendo ambos profesores colegas en el Conservatorio— consolidó entre ellos una profunda amistad. En 1899 Gaos escribe “2 Aires Criollos” para violín y piano, a partir de algunos fragmentos de melodías de Aguirre originales para piano, que se vieron enriquecidas con el añadido de desarrollos, variaciones, adornos y nuevas melodías del propio Gaos, quien no pudo estrenarlos debido a su neurastenia, lo cual sí fue concretado por América Montenegro en ese mismo año. Estas piezas que Gaos frecuentemente incluia en sus recitales, adquirieron enorme popularidad en años posteriores y fueron publicadas en 1915, con el consentimiento de los autores, por la Editorial “Breyer Hermanos”de Buenos Aires con la siguiente descripción en su portada: “Aires Criollos I y II de Aguirre-Gaos” para violín y piano, donde puede observarse que no se menciona la palabra “transcripción” que después fuera incorrectamente añadida en ediciones posteriores.
En noviembre 1899 el matrimonio concreta su proyectado viaje y se embarcan en gira de conciertos con destino a Europa, mas precisamente a Gijón(Asturias-España), residencia de su familia, en donde su padre había trasladado en 1896 el Almacén de música al que hicimos especial referencia en la anécdota “monedas falsas”.
Conciertos en Madrid, Vigo y Oporto (Portugal) contribuyeron a que la gira se extendiera bastante más de lo previsto. En las ciudades mencionadas la Habanera para violín Opus 19 de Gaos, recientemente publicada por la editorial alemana “Ries & Erler à Berlin” obtiene un éxito incuestionable al ser ejecutada por América Montenegro.
En julio 1900, unos 8 meses después de su partida, el matrimonio regresa a Buenos Aires, para reanudar sus clases en el Conservatorio Williams, con el joven violinista y compositor completamente restablecido de su preocupante neurastenia.
Así llegamos al comienzo del siglo XX, donde Gaos tiene ya editadas 6 de sus composiciones (3 para violín y 3 para piano) ¡No está mal para un joven compositor de 26 años!
En 1901, centenario del nacimiento del prócer y militar argentino Justo José de Urquiza (1801-1870), el gobierno de la Pcia. de Entre Ríos (Argentina) organiza sobre versos de Horacio Rodríguez, el concurso musical “Amancio Alcorta” para premiar un “Himno a Urquiza”. Gaos obtiene un 2° premio y su partitura para canto y piano Opus 26 es publicada por “Ediciones Rivarola” de Buenos Aires en ese mismo año. El 1er. premio correspondió a Franco Paolantonio (1884-1934) compositor argentino discípulo de Williams. ¡Paolantonio tenía sólo 17 años cuando se realizó el concurso!
En mayo 1903 se estrena en el desaparecido Teatro Odeón de Buenos Aires el 1er. movimiento “Allegro” de un proyectado “Concierto para violín y orquesta” Opus 24 de Gaos. Actuó como solista América Montenegro con una Orquesta de 30 profesores (sic) dirigida por Carlos Furlotti. Esta única obra para violín y orquesta del compositor quedó inconclusa ya que Gaos nunca intentó completar sus 2 movimientos restantes. Con el nuevo nombre de “Fantasía para violín y orquesta” fue editada en 1993 por el compositor gallego Joám Trillo a través de IGAEM (Instituto Galego das Artes Escénicas e Musicais), entidad que depende de la “Consellería de Cultura” del Gobierno Gallego (Xunta de Galicia).
En 1904 comienza a editarse en Buenos Aires la publicación “Revista Musical” que incluía en cada una de sus entregas quincenales alguna composición de autor argentino. Los músicos más prestigiados del entorno bonaerense figuraban entre sus colaboradores y allí publica Gaos un cuadernillo con los siguientes títulos en francés:

Canto y Piano

  • Fleurs d’amour Op. 25
  • Premier Printemps!
  • En Mai
  • La Rose

    Piano

  • Paysage Op. 27

Primer Conservatorio Gaos

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