SÍNTESIS
BIOGRÁFICA
DEL COMPOSITOR GALLEGO1 |
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*La
Coruña 21-III-1874 † Mar del Plata2 15-III-1959; edad:85
años menos 6 días
COMPOSITOR – VIOLINISTA – PIANISTA – DIRECTOR
DE ORQUESTA – PROFESOR |
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Andrés
Gaos niño
En el siglo XVIII comienza en España una tradición de sucesivas generaciones de músicos de origen gallego con apellido Berea, que finaliza y adquiere su máximo exponente en la figura de Andrés Gaos. Su madre, Pilar Berea Rodríguez nacida en La Coruña en 1853, le proporciona a Gaos su segundo apellido que rara vez llegó a formar parte de su nombre artístico.
Su rama paterna en cambio no registra, hasta donde sabemos, antecedentes
musicales. Su padre Andrés Gaos Espiro,
natural de Santiago de Compostela, era un hombre
culto y sensible, dotado de una sorprendente intuición para
encaminar la educación de sus hijos, según podrá
comprobarse en la maravillosa anécdota que más adelante
referiremos.
La administración de un establecimiento musical instalado en Vigo, fue la fuente de ingresos que contribuyó al sostén y bienestar de su familia, y que seguramente despertó en el niño Gaos su interés por el mundo de los sonidos. Este establecimiento funcionaba como sucursal del importante Almacén de
Música Canuto Berea y Cía. fundado
en 1854 en La Coruña y que permaneció abierto sin
interrupción durante 133 años hasta su cierre en 1987,
con apenas un pequeño cambio en su nombre: “Sucesores
de Canuto Berea”.
El fundador de esta trascendente dinastía de casas musicales
en Galicia, fue nada menos que un hermano mayor de la madre de nuestro
biografiado, el compositor y muy importante editor de música Canuto Berea Rodríguez (1836-1891), quien
además de apadrinar a Gaos en su bautismo llegó a
ser Alcalde de La Coruña en 1889.
Gaos fue el primogénito de una numerosa familia de 9 hijos
del matrimonio Gaos-Berea. En 1880, cuando nuestro futuro precoz
violinista tiene 6 años, su padre se establece en Vigo como
representante del Almacén de Música de Canuto Berea,
casa dedicada a la venta de instrumentos musicales, pianos en su
mayoría, y también de partituras.
El hallazgo de un increíble artículo a 3 columnas
titulado Biografía del niño Andrés Gaos Berea
firmado por el literato viguense Manuel Martínez González,
y aparecido en primera página del periódico gallego Faro de Vigo en 1885, cuando Gaos tenía
apenas 11 años, nos ilustra acerca del comienzo de sus estudios.
He aquí un extracto literal del extenso y sorprendente texto:
“Su
figura es esbelta y simpática. En su moreno rostro, en
constante contracción, se ve reflejado su temperamento
nervioso, y en su mirada se adivina al artista. Sus ojos grandes,
negros y expresivos, delatan el fuego y la inspiración
que en aquella cabeza se encierra.
En
1880 se trasladó con sus padres a la ciudad de Vigo y en
1881 empezó el estudio del solfeo, dedicándose más
tarde al del violín bajo la dirección de algunos
profesores de música de esta última ciudad, quienes
fueron dejando a su discípulo a medida que su aplicación
hacía innecesarios ya los cuidados de esta clase de enseñanza,
que pudiéramos llamar preparatoria.
Al poco tiempo, habiendo llegado a Vigo una compañía
de ópera dirigida por el eminente tenor Sr. Tamberlick,
y con ella la orquesta del teatro de Málaga de la que formaba
parte el notable violín concertino Sr. Regino, este señor
tuvo a bien, durante su permanencia en aquella población
encargarse de la enseñanza musical superior del niño
Gaos, a quien valieron de mucho estas lecciones para sus futuros
adelantos.
Posteriormente se encargó de su enseñanza el reputado
violinista D. Eduardo Dorado, y bien puede decirse que aquí
empieza la verdadera etapa de progreso y triunfos artísticos
para el pequeño Paganini, de quien, después de oírle
tocar, dijo el distinguido violín concertino del teatro
Real D. Pedro Urrutia: ‘Es un talento musical de primer
orden: imposible pedir más, y llegar a tanto constituye
un privilegio’.
En el Certamen Musical realizado en Vigo en agosto 1883, el tema
designado para optar por el premio de violín era el siguiente:
‘L’air Ballet Op. 100 de Beriot para violín
con acompañamiento de piano’. Entre los que se presentan
a disputarlo y el más joven de todos ellos es el niño
Gaos, quien dicho sea de paso, entre otras consideraciones de
carácter, tiene la de multiplicar sus ardimientos con las
dificultades que se le presenten. En dicho certamen, dijo la obra
tan admirablemente que aun antes que el jurado emitiese su fallo
favorable, ya el público se anticipó a dictar el
suyo distinguiendo al joven artista con bravos y ruidosos aplausos.
Además el jurado queriendo hacer resaltar la notable ejecución,
creó para él otro premio extraordinario, consistente
en una medalla de oro. Enviamos nuestro parabién a este
querido niño, llamado a grandes destinos en la esfera del
arte musical.
Hallase en la actualidad el niño Gaos en La Coruña
estudiando desde septiembre de 1884 al lado de su antiguo profesor
señor Dorado en el ‘Centro de Enseñanza Musical’,
el más importante de Galicia.
Tal es, a grandes rasgos la reseña biográfica del
notabilísimo niño Andresito Gaos, cuyos primeros
pasos en la senda del porvenir, pregonan con justicia los heraldos
de la opinión”.
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1 Los
gallegos son nacidos en Galicia, una región perteneciente
a España, situada al noroeste de la Península Ibérica,
en Europa. Se la denomina “Comunidad autónoma de
Galicia” y su capital es Santiago de Compostela. |
2 Mar del Plata: ciudad balnearia situada en la costa sudeste de la Provincia de Buenos Aires en Argentina.
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| Beca
de 3 años en Madrid
En visionario gesto, la Diputación Provincial coruñesa
concede al niño Gaos de 11 años, una beca para proseguir
su aprendizaje en el Conservatorio de Madrid. Allí, alejado
de sus padres, estudia durante 3 años (1885-1888) con el
recordado violinista JESÚS MONASTERIO (1836-1903), quien
lo distingue como su discípulo predilecto. En aquellos años,
los cursos de violín no exigían el estudio de piano
complementario, no obstante el inquieto Andresito también
se inscribe en los cursos de dicho instrumento y, por añadidura,
en los de armonía y contrapunto.
Posteriormente y en pleno dominio del piano, Gaos asombró
a más de un oyente en espontáneas improvisaciones,
mostrando así una natural predisposición para este
recurso del arte musical (ver video “arroz
con leche”). También como resultado de su intenso
entrenamiento, llegó a tener un increíble dominio
en el difícil arte de reducir al piano partituras de orquesta
a primera vista, que dejaron sorprendidos en Buenos Aires a profesionales
y críticos vinculados a la música.
En recitales ofrecidos en salas de Buenos Aires para presentar a
sus alumnos más aventajados, Gaos siempre los secundó
en el piano, tanto en sonatas como en cualquier otro tipo de acompañamiento.
Además, en sus giras de concierto por Europa y también
en Buenos Aires, frecuentemente acompañó en el piano
a su primer esposa, la violinista América Montenegro.
En junio 1904, en el concierto inaugural del primer “Conservatorio
Gaos” en Buenos Aires, estrena el primer movimiento de su
Sonata para 2 pianos secundado por el compositor y pianista
argentino CONSTANTINO GAITO (1878-1945), partitura que lamentablemente
permanece extraviada.
En 1932, en una demostración del instrumento musical electrónico
de teclado “Ondas Martenot”, que era ejecutado por su
inventor el ingeniero y músico francés MAURICE MARTENOT,
Gaos lo acompañó al piano en una gira que abarcó
diversas ciudades de España, incluyendo Madrid y Barcelona. |
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Anécdota
Sarasate-Gaos
La
personalidad de Gaos como intérprete responde al modelo del
recordado compositor y violinista PABLO SARASATE (1844-1908), quien
aunque nacido en Pamplona, estaba íntimamente ligado a Galicia
por haber residido unos 5 años de su infancia en La Coruña
(aproximadamente entre los 5 y 10 años de edad).
Allí en Coruña y a la edad de casi 8 años Sarasate
asombró a sus oyentes en un recital con orquesta dirigida
por el abuelo materno de Andresito Gaos, SEBASTIÁN CANUTO
BEREA (1813-1853), El impacto de esta presentación contribuyó
a que Sarasate obtuviera importantes ayudas económicas para
terminar sus estudios. Posteriormente y debido a su enorme talento
y deslumbrante fama fue considerado como el insustituible prototipo
a seguir por los violinistas que le sucedieron.
En septiembre 1886, un exitoso Sarasate de 42 años inicia
su primer gira por las provincias gallegas que comenzaría
en Coruña, ciudad donde estrena su poco conocida Muñeira
para violín, que luego repetiría en toda la tournée,
para terminar finalmente con 2 conciertos en Vigo, donde residía
la familia del pequeño Andresito Gaos de 12 años.
Allí en Vigo, su padre Don Andrés Gaos Espiro, administraba
(como mencionamos al comienzo) un prestigioso establecimiento musical,
hecho que añadido al cargo que desempeñaba como presidente
honorario de la “Sociedad Coral La Oliva” le otorgaba
un singular reconocimiento entre sus conciudadanos.
Andresito asistió con sus padres al primer concierto ofrecido
por Sarasate en Vigo y, como es de suponer, quedó profundamente
impresionado. Al término del recital y mientras se sucedían
las tradicionales felicitaciones, fue presentado a Sarasate, circunstancia
que aprovechó Don Andrés para solicitar al consagrado
intérprete, un posible encuentro para escuchar al pequeño.
Quedó entonces convenido que Sarasate y su secretario y pianista
acompañante OTTO GOLDSCHMIDT se apersonaran al "Salón
de conciertos” de la citada casa de música para apreciar
al niño violinista.
A la mañana siguiente, mientras ambos se dirigían
al “Almacén de música” (como así
se lo llamaba entonces), Sarasate comentaba con su secretario:
Sarasate. —Y bien Otto, una vez más
tendremos que soportar a un niño prodigio, pero como contaba
mi maestro DELFÍN ALARD, y lo hemos comprobado en ocasiones,
estos chicos poseen algunos defectos tan notorios que lo más
conveniente es hacerles olvidar lo que saben y encaminar nuevamente
sus estudios desde cero.
Otto. —(Asintiendo con la cabeza.) Muy
cierto Pablo, recuerdo muy bien nuestras experiencias con niños
prodigio.
Una
vez todos instalados en el Salón de conciertos y con la colaboración
de un pianista acompañante, Andresito comenzó a ejecutar
algunas piezas de la época, entre ellas el célebre
minué de Bocherini y “Adiós a la Alhambra”
de su maestro Jesús Monasterio, mientras Sarasate escuchaba
impávido sin hacer ningún comentario. Una vez terminado
el improvisado concierto del pequeño y ante la mirada inquisidora
de Don Andrés, Sarasate esbozó despreocupado:
Sarasate. —(Sin entusiasmo.) Bueno... no
está mal... y que planes tiene Ud. para su hijo.
Don Andrés. —(Un poco desilusionado.)
Aprovechando una beca de la Diputación Coruñesa,
Andresito acaba de cursar su 6° año de violín
en el Conservatorio Nacional de Música en Madrid. Su profesor
Jesús Monasterio se ha encariñado con él,
pues muestra buenas aptitudes y una permanente dedicación
al estudio, lo cierto es que el pequeño ha vuelto muy entusiasmado
y anhela regresar cuanto antes a Madrid para continuar con Monasterio
los 2 años de estudio que le faltan.
Sarasate. —(Siempre imperturbable.) Me
parece excelente, Monasterio es un notable violinista y muy buen
profesor, pero se me ocurre alguna variante Sr. Gaos, le haré
una sugerencia que tal vez le parezca interesante para el porvenir
del niño.
Don Andrés. —(Ya completamente resignado.)
Ud. dirá maestro.
Sarasate. —(Con una firmeza y decisión
que contrastaba con su anterior indiferencia.) Este fin de semana
daré mi último concierto en Vigo y luego regreso
a mi residencia de París, me encantaría llevarme
al pequeño conmigo por algunas semanas, juntos
actuaríamos a 2 violines en mis conciertos y además
de orientarlo en sus estudios, lo presentaré a importantes
personalidades del ambiente musical parisiense, quienes se asombrarán
de escuchar a un auténtico niño prodigio.
Don Andrés. —(Visiblemente sorprendido
y meditando su respuesta durante algunos segundos)... Le agradezco
enormemente su proposición... lo consultaré con
mi esposa... y le daremos una respuesta cuando nos veamos durante
su último recital aquí en Vigo.
De regreso al hogar los padres de Andresito evaluaron los pro
y contra del insólito ofrecimiento y decidieron rechazarlo
de común acuerdo, ya que ninguno de ellos podía
desligarse de sus obligaciones para acompañarlo a París,
y dejarlo partir con sólo 12 años era una aventura
demasiado riesgosa. No obstante, y siempre en el ámbito
de las suposiciones, de haberse accedido al deseo de Sarasate,
seguramente hubiera cambiado la trayectoria de Gaos como artista
y tal vez hoy día estaría lejos de ser un desconocido.
Así finaliza esta ignorada y sugestiva anécdota
que nos ilustra como un niño violinista gallego de 12 años
pudo sorprender a un coloso de la talla de Pablo Sarasate.
Este episodio fue comentado por Gaos en repetidas ocasiones y
ante la ineludible pregunta de su ocasional interlocutor sobre
que opinaba de la decisión de sus padres, siempre sostuvo:
“tuvieron razón, yo era demasiado pequeño”.
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Anécdota
“monedas falsas”
Como
hemos visto, Don Andrés padre atendía regularmente
en Vigo su importante casa de música y en ocasiones llevaba
consigo alguno de sus hijos, para familiarizarlos en la atención
del negocio, circunstancia que lo aliviaba en parte del trato con
los clientes y le permitía dedicar más tiempo a las
tareas administrativas. No era raro entonces, y transcurre el año
1887, encontrar al pequeño Andresito de 13 años o
a su siguiente hermano menor José(Pepe)3
de 11 años, interpretar melodías en el piano con objeto
de interesar en la compra del instrumento a algún posible
cliente o verlos seleccionar también para su venta alguna
partitura solicitada.
En cierta ocasión que Don Andrés tiene que ausentarse
a La Coruña, ambos hermanitos quedan a cargo del negocio,
y llega entonces sorpresivamente un marinero de los tantos buques
que anclaban en el puerto de Vigo, interesado en adquirir algunas
partituras. Andresito lo atiende muy amablemente pidiéndole
el nombre de la pieza y la referencia de su autor.
El marinero responde que no conoce el título, pero que puede
entonarla sin problema y ya mismo se pone a vociferar una extraña
canción que los pequeños músicos jamás
habían escuchado. Los jovencitos intercambian una furtiva
y pícara mirada, y se dirigen entonces a un estante donde
había un remanente de piezas musicales para piano, que habían
perdido actualidad y que ya nadie solicitaba. Ellos estaban autorizados
por su padre a no rendir cuenta de esas partituras, y si lograban
el milagro de su venta, podían guardarse las monedas que
las mismas redituaran.
No había todavía concluido el improvisado concierto
del marino, cuando José deposita una abultada pila de piezas
musicales sobre el mostrador, mientras que Andresito extrae una
de ellas y le dice al marinero:
Andresito. —Es Ud. afortunado, la pieza
que acaba de cantar es justamente esta... pero vamos a comprobarlo
en el piano.
Y
mientras José colocaba la pieza sobre el atril, el pequeño
Gaos se sienta al piano e improvisa de oído la reciente melodía
escuchada, y que por supuesto nada tenía que ver con lo impreso
en la partitura que simulaba leer. El marinero estalla entonces
de alegría al escuchar armonizada la canción de sus
ensueños, que había buscado infructuosamente en cada
puerto donde recalaba su buque; y eufórico prosigue cantando
otras melodías, y los pequeños seleccionando otras
tantas partituras de la inservible pila, las que eran ejecutadas
en forma inmediata ante la sorpresa y aprobación del marino.
Una vez agotado su repertorio de exóticas canciones y habiendo
conseguido todo lo que buscaba, el forastero marítimo paga
por las partituras adquiridas, estampa un sonoro beso en cada uno
de los vendedores y se aleja loco de contento.
Los pequeños liberan entonces su reprimida risa en estridentes
carcajadas y luego se reparten las utilidades de su ocurrente diablura.
(Hasta aquí sólo una muy ingeniosa y simpática
travesura de niños, pero el caprichoso destino se ensaña
en proveerle un final impredecible y por demás electrizante).
No bien el marinero regresa a su alojamiento marítimo, comenta
con un oficial amigo y pianista aficionado los pormenores de su
exitosa búsqueda musical, y juntos se encaminan hasta el
infaltable piano del barco para deleitarse con las flamantes partituras.
(Debe recordarse que por aquellos tiempos el piano era el sustituto
indispensable de las actuales radios, televisores y computadoras).
No tardó demasiado tiempo el pianista en alertar a su subordinado
que esos mocosos le habían jugado una mala pasada.
Al día siguiente el embaucado personaje vuelve al establecimiento
para vérselas con esos pequeños tramposos, pero sólo
encuentra a su propietario Don Andrés, a quien le relata
entonces el engaño del que había sido víctima
y recibe la siguiente respuesta:
Don Andrés. —No se preocupe Ud.
señor, le pido mil disculpas en nombre de mis hijos, le
devolveré el dinero, y ya me encargaré de que esto
no vuelva a repetirse.
De
vuelta a su casa Don Andrés se cuida muy bien de no comentar
el incidente con sus hijos. Llegado el fin de semana les entrega
como hacía de costumbre algunas monedas para esparcimiento
y diversión.
Llega el domingo, Andresito y José salen de juerga; y más
tarde se encaminan a una cantina como lo hacían habitualmente.
Después de tomar algún refresco e ingerir algunos
mariscos, se acercan a la barra y entregan las monedas recibidas
de su padre como pago de la consumición. Cuál no sería
el asombro de los imberbes cuando el propietario les espeta:
Propietario. —(Disgustado y levantando
la voz.) Estas monedas son falsas chicos, cómo se atreven
a engañarme... pequeños ladrones.
Andresito. —(Balbuceando tímidamente.)
Creo que se equivoca señor... mi padre me las dio.
Propietario. —(Siempre con rudeza.) ¡No!
no me equivoco, llévatelas y cuando vuelvas trae plata
decente.
Perplejos
e indignados, los pequeños regresan a su casa y deciden encarar
directamente a su padre, responsable del desgraciado incidente:
Andresito. —(Un poco nervioso y ofuscado,
aunque sin traspasar el umbral de respeto que aquellos tiempos
exigían.) ¿Qué nos has hecho papá?
Nos has dado monedas falsas, ni te cuento el papelón que
pasamos.
Don Andrés. —(En forma parsimoniosa
y esbozando una sonrisa de satisfacción por el desenlace)
No está mal que lo hayan sufrido en carne propia, pero
les recuerdo que es lo mismo que ustedes hicieron con el marinero:
le entregaron partituras falsas.
(¡Fantástico!
he aquí una magnífica lección práctica
de honestidad, digna del más avanzado tratado de educación
para niños).
Este episodio caló muy hondo en la mente del futuro gran
compositor, pues a lo largo de su vida, Gaos lo relató en
repetidas ocasiones como expresión de admiración y
homenaje a la figura de su padre. |
3 José Gaos Berea (1876-1939), dotado pianista aficionado nacido en Coruña, realizó estudios de abogacía y en 1896 se traslada a Gijón (España) junto a sus padres y hermanos, años más tarde establece un estudio jurídico en Valencia (España), donde adquiere un reconocido prestigio como notario. En Gijón nace su primer hijo de un total de 9, el renombrado filósofo José Gaos (1900-1969) y en Valencia nace otro de sus hijos, el poeta Vicente Gaos (1919-1980), tanto el filósofo como el poeta figuran en cualquier diccionario enciclopédico corriente. |
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Nueva
beca para estudiar en París y Bruselas
En
1889, la Diputación coruñesa decide prolongar por
2 años la subvención de Gaos, para que continúe
sus estudios en el extranjero. El primer año de la beca transcurre
en el Conservatorio de París, donde Gaos asiste a las clases
de violín de CHARLES DANCLÁ. Al año siguiente
en 1890 se desplaza al Conservatorio de Bruselas (Bélgica),
donde cursa violín con el legendario EUGÈNE YSAYE
y composición con AUGUSTE GEVAERT.
Así llegamos a la segunda mitad del año 1891 que nos
exhibe a un joven violinista de 17 años que ha concluido
brillantemente, con primeros premios, todos sus estudios musicales.
De aquí en adelante sólo conciertos, enseñanza
y creaciones musicales tanto de carácter universal como evocadoras
de su tierra gallega.
Entre sus primeras composiciones podemos mencionar su romanza, con
texto en francés, para canto y piano "Premier printemps!" (Primavera temprana) que fue compuesta
en Bruselas mientras Gaos cursaba composición con Gevaert.
Así figura de su puño y letra en el manuscrito original
conservado en su archivo.
De esos años es también su fascinante Muñeira
3 Opus
2 para violín y piano, donde el oyente desprevenido cree
escuchar el sonido de una gaita en lugar del violín que la
está imitando. Si bien subestimada por Gaos, quien nunca
se preocupó por editarla, la muñeira permaneció
siempre en su repertorio y fue de ejecución ineludible en
sus giras por La Habana (Cuba) donde residía una numerosa
colectividad gallega y también en diversas ciudades de Galicia. |
| 3
Danza típica gallega acompañada por
gaita. |
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Giras
previas a su residencia en Argentina
En septiembre 1891 se dirige a París, donde inicia una gira
de conciertos que además de Francia abarcaría Bélgica,
Portugal y diversas ciudades de España. De todos modos el
detalle de esta excursión violinística deberá
ser investigado para determinar si la gira abarcó otros países
no mencionados de Europa.
En mayo 1894 se publica por primera vez una composición de
Gaos, la “Jota aragonesa”
para violín y piano editada por “A. Díaz y Cía.”
en San Sebastián (España), pieza que el joven compositor
desestimó rápidamente, pues permaneció muy
poco tiempo en su repertorio, y ni siquiera se preocupó por
conservar un solo ejemplar en su archivo (afortunadamente hemos
obtenido un ejemplar).
En ese mismo año 1894 está confirmado que permaneció
algunos meses en La Habana.
También en 1894 estuvo varios meses en México, donde
curiosamente hizo parte del elenco de un espectáculo circense
en el “Circo Teatro Orrin”.
Su número titulado: “El Sarasate del porvenir, Don
Andrés Gaos Berea” compartía junto a mímicos,
contorsionistas, equilibristas y pantomimas acuáticas, el
desarrollo de un típico programa de circo. Paralelamente
también actuó como solista en salas de concierto e
integró como primer violín un cuarteto de cuerdas
con ejecutantes del lugar que fue muy bien recibido por la crítica.
Siempre en México compone una Polonesa
y una Romanza para piano que tampoco fueron
encontradas en su archivo. La Polonesa fue editada por la casa “H.
Nagel Sucesores” México, Calle de la Palma N° 5
(si bien no poseemos un original, hemos obtenido fotocopia). En
cuanto a la Romanza, que obtuvo el primer premio de un concurso
organizado por la misma Editorial Nagel donde fue publicada, aún
no hemos podido ubicar un solo ejemplar. |
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Llegada
a Buenos Aires
En
junio 1895 se produce el arribo de Gaos a Buenos Aires donde se
relaciona con el recordado compositor y pianista argentino ALBERTO
WILLIAMS (1862-1952), quien en 1893 había fundado el “Conservatorio
de música de Buenos Aires”, sin duda
el más importante y de mayor prestigio en la ciudad. Inmediatamente
el joven virtuoso de 21 años se integra como profesor de
violín en dicha casa de estudios y establece amistad con
sus más distinguidos profesores, entre ellos, JULIÁN
AGUIRRE (profesor de piano y secretario del conservatorio) y CARLOS
MARCHAL (profesor de cello). Al mes siguiente Williams, Marchal
y Gaos ofrecen un concierto interpretando el trío Opus 63
de Schumann con los consiguientes elogios de la crítica.
En septiembre 1895 debuta en Buenos Aires la notable violinista
y en ocasiones cantante, AMÉRICA MONTENEGRO (1876-1949),
quien aunque de origen italiano y nacida en Valencia (Venezuela)
—donde su padre LEOPOLDO MONTENEGRO era representante consular
argentino— perfeccionó sus estudios con RAMPAZZINI
en el Conservatorio de Milán, donde
a los 16 años en 1892 obtiene el primer premio de violín.
Se produce entonces un acercamiento entre Gaos y Montenegro y como
consecuencia de la atracción y el impacto de este encuentro,
ambos virtuosos se enamoran profundamente. América queda
embarazada y para evitar el desprecio y habladurías propias
de la época, ambos deciden trasladarse a Montevideo (Uruguay).
Allí contraen matrimonio civil el 6-II-1896 y 6 meses más
tarde nace la primera hija de un total de 5 (4 niñas y un
varón), a quien bautizan con el nombre de su madre, América.
El
accidente sexual descrito, interrumpe la ya encaminada trayectoria
internacional de Gaos como virtuoso a la cual parecía estar
predestinado, aunque como contraparte, seguramente incentiva su
labor creadora para la que estaba excepcionalmente dotado. Nunca
lo sabremos, pero de ser este enfoque correcto, el resultado final
nos complace, pues si bien Gaos nunca llegó a ser un violinista
de fama internacional, creemos que sus obras ocuparán algún
día un lugar de privilegio entre los compositores del siglo
XX.
En ese mismo año 1896 compone su Habanera
Opus 19 para violín y piano, dedicada al padrino de su primera
hija: José A. Ferreira, que es interpretada por América.
De esos años es también su Suite para piano Miniaturas
Opus 23 dedicada al pianista CAMILO GIUCCI, integrada por los números:
Canone, Sarabanda, Fugheta y Fantasía, que años después
sería transcripta por su autor para orquesta de cuerdas con
el título de “Suite a la antigua”.
Miniaturas fue editada en 1898 por “Ediciones Mousqués”
de Montevideo. Gaos identifica arbitrariamente ambas composiciones
con N° de Opus de 2 dígitos, a pesar de no existir obras
con numeración anterior.
En la mencionada capital uruguaya, Gaos y América se incorporan
como profesores de violín en el prestigioso conservatorio
“La Lira”. En diciembre 1897 ambos cónyuges
actúan simultáneamente en el Teatro Solís,
en un concierto de despedida con la orquesta de la “Sociedad
Beethoven” bajo la dirección de MANUEL PÉREZ
BADÍA(1846-1901), destacado violinista español, y
discípulo de Monasterio en Madrid al igual que Gaos. América
ejecuta el célebre concierto Opus 64 de Mendelssohn y Gaos
el siempre vigente concierto Opus 22 de Wieniawski.
En junio 1898, a los 2 años y medio de su forzado éxodo
a Montevideo, el eufónico matrimonio Gaos-Montenegro incrementado
en 2 pequeñas hijas, regresa definitivamente a Buenos Aires.
El divorcio los separa en 1917, y desde esa fecha a pesar de convivir
ambos en Buenos Aires, jamás volverían a encontrarse.
En 1935 Gaos adquiere la carta de ciudadanía argentina.
En 1899 publica su primer y único texto de estudio para violín
sólo: “100 Ejercicios Técnicos Progresivos”
Edición F. Stefani-Buenos Aires, donde puede leerse en la
portada de esta edición: “Obra de texto en el Conservatorio
de música de Buenos Aires”.
Desde su llegada a las costas rioplatenses, Gaos despliega una intensa
actividad musical a través de distintas facetas:
-
Enseñanza en Buenos Aires en conservatorios propios,
escuelas del estado y prestigiosos conservatorios privados.
-
Conciertos de violín, principalmente en Buenos Aires
y Montevideo.
-
Giras por Europa junto a su primer esposa y luego de su divorcio
giras individuales.
-
Dirección de orquesta, actividad en la que se ejercita
desde muy joven.
-
Empleado del gobierno argentino en calidad de “Inspector
de enseñanza secundaria, normal y especial” (especialidad
música), dependiente del Ministerio de Instrucción
Pública.
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Aspectos
generales de su música
Con
respecto a su labor creadora que ocupa un interés prioritario
en esta síntesis, y en la cual permaneció siempre
inmerso con mayor o menor dedicación, destaquemos que estuvo
signada por una permanente falta de reconocimiento de todos cuanto
le rodearon:
-
Sus amigos y compositores colegas siempre observaron sus obras
con indiferencia.
-
Sus alumnos admiraban al prestigioso profesor y ejecutante pero
subestimaban al compositor.
-
En el entorno familiar de sus descendientes, el desinterés
por sus creaciones era moneda corriente, con la lógica
excepción de sus esposas América Montenegro y
Luisa Guillochon, y también del último de sus
8 hijos Andrés Gaos Guillochon.
Gaos, aun siendo una personalidad no demasiado extrovertida y ciertamente reservado de su vida privada, rara vez disimulaba sus sentimientos y apreciaciones musicales, y se le oyó decir en diversas oportunidades y a distintos interlocutores que sus compositores preferidos eran: Chopin, Schumann y Grieg, mientras que su Sonata predilecta para violín y piano era la de Cesar Franck. En el campo de la lírica, siempre sostuvo que su ópera preferida era “Fausto” de Gounod. Quienes con él compartimos
su carácter alegre y ocurrente, también recordamos
que era reacio a comentar o vanagloriarse de sus éxitos pasados,
y que jamás lo escuchamos lamentarse del desinterés
e indiferencia con que eran recibidas sus composiciones.
Aclaremos para los especialistas e interesados que gran parte de
la producción de Gaos no lleva N° de Opus, y cuando sí
lo encontramos, su numeración es arbitraria y no indica necesariamente
un orden cronológico correlativo, como así tampoco
la existencia de obras con una numeración anterior, tal como
lo manifestara Gaos en conversaciones familiares y como puede comprobarse
a través de un minucioso análisis. No obstante en
algunas ocasiones se puede observar que números de Opus cercanos
o correlativos pueden coincidir con obras escritas en un mismo período.
Sin pretender explicar lo inexplicable, acotemos que las críticas
que acompañaron sus recitales fueron siempre muy elogiosas,
y este deslumbramiento ante el virtuoso pudo tal vez opacar su aceptación
como compositor.
Aun sin participar en corrientes de vanguardia, Gaos es un auténtico
compositor de su época y ante todo un melodista nato; aunque
sus frases no son fácilmente asimilables en una primera audición,
no porque se sitúen en la categoría de ininteligibles,
sino por la profundidad de su factura. Corren pues el riesgo estas melodías gaosianas de pasar desapercibidas si no vuelven a escucharse nuevamente. Una vez establecido el contacto suele producirse un “enganche” que acondiciona al oyente a volver sobre su música e interesarse por otras obras del mismo autor.
La indiferencia de su entorno impidió a Gaos convertirse
en un compositor prolífico, pero aun así sus creaciones
son considerables y abarcan diversidad de géneros, con el
raro privilegio de mantener un asombroso nivel de inspiración
en todas sus producciones.
Lo realmente lamentable es que a lo largo de su vida jamás
recibió un solo “encargo” musical, y de este
modo se perdieron valiosas partituras provenientes de su innegable
talento que sin duda hubieran incentivado su labor creadora y asimismo
enriquecido nuestro patrimonio universal.
A diferencia de la pintura, literatura y otras artes, el resultado
final de la creación musical permanece oculto e intangible
esperando la participación del “intérprete”
que habrá de darle vida. En las obras orquestales esta particularidad
de la música adquiere mayor relevancia, pues a semejanza
del pintor cuando mezcla su paleta de colores, el compositor combina
el sonido de los distintos instrumentos para lograr los timbres
que convienen a su expresión. Se comprende entonces que la
ulterior comprobación por el autor, de una elección
feliz o desacertada, sólo es posible con la insustituible
intervención orquestal.
Gaos
no tuvo la suerte de pertenecer al grupo de “elegidos”
que consiguieron en vida ver interpretadas sus obras orquestales.
A su muerte en 1959 gran parte de sus creaciones sinfónicas
permanecían sin ver la luz, recordemos que la totalidad de
su Sinfonía N° 2 “En las montañas de Galicia”
se estrenó 15 años después de su muerte, y
que Gaos sólo alcanzó a escuchar su último
movimiento “Danza campestre” estrenado en 1954. El estreno
mundial de su Sinfonía N° 1 tuvo lugar en mayo 2005 en las ciudades gallegas de Ourense y Vigo.
De todos modos, todavía quedan sin estrenar varias de sus
obras que requieren la participación de un organismo sinfónico,
entre ellas su ópera en un acto
y 7 escenas “Amor Vedado”
(circa 1915), donde la 1ª escena Baile y la 6ª Tormenta
son exclusivamente orquestales. Este aporte al teatro lírico
del compositor coruñés, está estructurado en
el folklore argentino sobre libreto y texto en castellano del mismo
Gaos, quien sitúa la acción dramática en la
provincia de Tucumán (Argentina) en 1816.
También es de destacar otras obras líricas de Gaos
que pertenecen al “género chico” donde
se alternan partes cantadas con diálogos y parlamentos, y
que al igual que su única ópera también están
impregnadas del folklore criollo. Este tipo de creaciones muy populares
en Buenos Aire, durante la primera mitad del siglo XX, integraban
el género denominado “Comedias Líricas”.
Gaos musicalizó para este género los siguientes títulos:
“Las últimas violetas”, Facundo y
“Los rayos X”.
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“Neurastenia”
y primer viaje matrimonio a Europa
A su regreso de Montevideo en 1898 Gaos y América se incorporan
al cuerpo de profesores del “Conservatorio de Buenos Aires”
que dirigía Alberto Williams. Gaos se hace cargo de las clases
de violín para varones y también de la clase de “conjunto
de cámara”, mientras que América ocupa la cátedra
de violín (clase de niñas).
A partir de su enlace con América y como consecuencia de
su truncada trayectoria internacional como virtuoso, comienza a
gestarse en Gaos un incipiente agotamiento nervioso que eclosiona
durante su regreso definitivo a Buenos Aires. Síntomas de
cansancio permanente, imposibilidad de concentrarse y oscilantes
depresiones diagnostican una severa neurastenia.
Se ve obligado entonces a suspender sus conciertos e interrumpir
sus clases en el Conservatorio, donde es reemplazado por América.
Para paliar esa temible enfermedad nerviosa que duró alrededor
de 1 año y medio, proyectan ambos un próximo viaje
a Europa y mientras tanto alquilan una quinta en la localidad de
Morón, a pocos kilómetros de la capital, donde Gaos
pasaba largos días de reposo que se alternaban con escapadas
a Montevideo. Allí diversos artistas amigos lo recibían
con afecto y comprensión, entre ellos el matrimonio de pianistas
CAMILO GIUCCI(padre)-LUISA GALLO y el pintor uruguayo MILO BERETTA.
El inspirado compositor de temas y ritmos autóctonos argentinos
Julián Aguirre (1868-1924) se desempeñaba como Secretario
y profesor de piano en el Conservatorio Williams. Su proximidad
con Gaos al acompañarlo en piano en diversas oportunidades
—siendo ambos profesores colegas en el Conservatorio—
consolidó entre ellos una profunda amistad. En 1899 Gaos
escribe “2 Aires Criollos” para violín y piano,
a partir de algunos fragmentos de melodías de Aguirre originales
para piano, que se vieron enriquecidas con el añadido de
desarrollos, variaciones, adornos y nuevas melodías del propio
Gaos, quien no pudo estrenarlos debido a su neurastenia, lo cual
sí fue concretado por América Montenegro en ese mismo
año. Estas piezas que Gaos frecuentemente incluia en sus
recitales, adquirieron enorme popularidad en años posteriores
y fueron publicadas en 1915, con el consentimiento de los autores,
por la Editorial “Breyer Hermanos”de Buenos Aires con
la siguiente descripción en su portada: “Aires
Criollos I y II de Aguirre-Gaos” para violín
y piano, donde puede observarse que no se menciona la palabra “transcripción”
que después fuera incorrectamente añadida en ediciones
posteriores.
En noviembre 1899 el matrimonio concreta su proyectado viaje y se
embarcan en gira de conciertos con destino a Europa, mas precisamente
a Gijón(Asturias-España), residencia de su familia,
en donde su padre había trasladado en 1896 el Almacén
de música al que hicimos especial referencia en la anécdota
“monedas falsas”.
Conciertos en Madrid, Vigo y Oporto (Portugal) contribuyeron a que
la gira se extendiera bastante más de lo previsto. En las
ciudades mencionadas la Habanera para
violín Opus 19 de Gaos, recientemente publicada por la editorial
alemana “Ries & Erler à Berlin” obtiene un
éxito incuestionable al ser ejecutada por América
Montenegro.
En julio 1900, unos 8 meses después de su partida, el matrimonio
regresa a Buenos Aires, para reanudar sus clases en el Conservatorio
Williams, con el joven violinista y compositor completamente restablecido
de su preocupante neurastenia.
Así llegamos al comienzo del siglo XX, donde Gaos tiene ya
editadas 6 de sus composiciones (3 para violín y 3 para piano)
¡No está mal para un joven compositor de 26 años!
En 1901, centenario del nacimiento del prócer y militar argentino
Justo José de Urquiza (1801-1870), el gobierno de la Pcia.
de Entre Ríos (Argentina) organiza sobre versos de Horacio
Rodríguez, el concurso musical “Amancio Alcorta”
para premiar un “Himno a Urquiza”.
Gaos obtiene un 2° premio y su partitura para canto y piano
Opus 26 es publicada por “Ediciones Rivarola” de Buenos
Aires en ese mismo año. El 1er. premio correspondió
a Franco Paolantonio (1884-1934) compositor argentino discípulo
de Williams. ¡Paolantonio tenía sólo 17 años
cuando se realizó el concurso!
En mayo 1903 se estrena en el desaparecido Teatro Odeón de
Buenos Aires el 1er. movimiento “Allegro” de un proyectado
“Concierto para violín y orquesta”
Opus 24 de Gaos. Actuó como solista América Montenegro
con una Orquesta de 30 profesores (sic) dirigida por Carlos Furlotti.
Esta única obra para violín y orquesta del compositor
quedó inconclusa ya que Gaos nunca intentó completar
sus 2 movimientos restantes. Con el nuevo nombre de “Fantasía
para violín y orquesta” fue editada en
1993 por el compositor gallego Joám Trillo a través
de IGAEM (Instituto Galego das Artes Escénicas e Musicais),
entidad que depende de la “Consellería de Cultura”
del Gobierno Gallego (Xunta de Galicia).
En 1904 comienza a editarse en Buenos Aires la publicación
“Revista Musical” que incluía en cada una de
sus entregas quincenales alguna composición de autor argentino.
Los músicos más prestigiados del entorno bonaerense
figuraban entre sus colaboradores y allí publica Gaos un
cuadernillo con los siguientes títulos en francés:
Canto y Piano
-
Fleurs d’amour Op. 25
-
Premier Printemps!
-
En Mai
-
La Rose
Piano
- Paysage
Op. 27
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Primer
Conservatorio Gaos
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